Table Of ContentEl matemático impaciente
La Condamine, las pirámides de Quito y la ciencia ilustrada (1740-1751)
Raúl Hernández Asensio
DOI: 10.4000/books.ifea.6132
Editor: Institut français d’études andines, Instituto de Estudios Peruanos, Universidad Andina Simón
Bolívar - sede Ecuador
Año de edición: 2008
Publicación en OpenEdition Books: 3 junio 2015
Colección: Travaux de l'IFEA
ISBN electrónico: 9782821844353
http://books.openedition.org
Edición impresa
Número de páginas: 316
Referencia electrónica
HERNÁNDEZ ASENSIO, Raúl. El matemático impaciente: La Condamine, las pirámides de Quito y la ciencia
ilustrada (1740-1751). Nueva edición [en línea]. Lima: Institut français d’études andines, 2008
(generado el 19 juillet 2019). Disponible en Internet: <http://books.openedition.org/ifea/6132>. ISBN:
9782821844353. DOI: 10.4000/books.ifea.6132.
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Este libro trata sobre el matemático francés Carlos María de La Condamine y su empeño por
levantar en la llanura de Yaruquí, cerca de Quito, un monumento conmemorativo de la
expedición enviada por la Academia de Ciencias de París al virreinato del Perú, para poner fin al
problema de la forma de la tierra que había obsesionado a los científicos europeos durante casi
cien años. La disputa está relacionada con cuestiones como profesionalización de la ciencia, el
cambio de la posición social del científico, la aparición de nuevos géneros literarios y
transformación de la relación entre ciencia y estado.
La interpretación presenta los entretelones de una discusión fascinante y demuestra que el
conocimiento científico no es sino el resultado de un proceso, condicionado tanto por las
ambiciones personales como por las condiciones sociales, políticas y culturales de un periodo
especialmente agitado de la historia de las colonias españolas de América.
RAÚL HERNÁNDEZ ASENSIO
RAÚL HERNÁNDEZ ASENSIO es Doctor en Historia por la Universidad de Cádiz (España).
Ha publicado diversos artículos en temas como relaciones interétnicas, sociedades de
frontera e historia de la ciencia colonial. Actualmente es investigador asociado del
Instituto de Estudios Peruanos. Ha publicado La frontera occidental de la Audiencia de Quito:
viajeros y relatos de viajes, 1595-1630 (coed. IFEA-IEP, 2004).
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ÍNDICE
Introducción. Una piedra en un rincón de mundo
I. Los apóstoles de Newton
La forma de la Tierra
Newton y Francia
Ruptura generacional
Dos expediciones
II. Una orden de Su Majestad
El viaje
Una ciudad en crisis
Cuestiones de honor
III. Cuatro palabrillas
Las operaciones geodésicas
Estilos nacionales de la ciencia ilustrada
El colapso de la expedición
Las pirámides de Yaruqui
IV. La retórica de la ciencia
V. La destrucción de las pirámides
Ciencia y guerras culturales
Vísperas cuencanas
La sentencia
Las reales cédulas de 1746
VI. Soñad con Galileo
Demasiado tarde
Estrategias de reinserción
El científico como personaje literario
La Historia de las Pirámides
VII. Quosque tandem condamine?
El científico como funcionario
El eslabón perdido
El segundo manuscrito
VIII. El combate más glorioso
Obras históricas citadas en el texto
Bibliografía
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Introducción. Una piedra en un
rincón de mundo
La ciencia moderna es un extraño híbrido
entre una interrogación de carácter filosófico sobre la
realidad
natural y un planteamiento de corte pragmático,
ideado para controlar el mundo.
Pero esta síntesis no es tan natural ni tan antigua como
parece.
PETER DEAR
1 ESTE LIBRO trata sobre el matemático francés Carlos María de La Condamine y su empeño
por levantar en la llanura de Yaruquí, cerca de Quito, un monumento conmemorativo de
la expedición enviada por la Academia de Ciencias de París al virreinato del Perú, para
medir el valor de un grado de meridiano terrestre y de esta manera poner fin al problema
de la forma de la Tierra, que había obsesionado a los científicos europeos durante casi
cien años. Sus rivales son los tenientes de navio Jorge Juan y Antonio de Ulloa, encargados
por la corona española de acompañar a los sabios franceses durante su estancia en
América, quienes consideraban que las pirámides que La Condamine quería levantar eran
injuriosas para la monarquía española, por loque debían ser destruidas, para evitar que la
memoria de su existencia llegase a Europa y perpetuase durante siglos una interpretación
errónea de la historia.
2 El enfrentamiento entre La Condamine y los oficiales españoles está relacionado con
temas como la profesionalización de la práctica científica, el cambio en la posición del
científico en la sociedad, la aparición de nuevos géneros literarios y la transformación de
la relación entre ciencia y estado. Los temas discutidos van desde la fabricación de
instrumentosA todos ellos vaya tambien mi reconocimiento. Y por de precisión y la
adopción de unidades de medida estandarizadas, hasta el estatuto epistemológico de las
matemáticas, la financiación de los trabajos y las estrategias de los científicos para
potenciar sus carreras profesionales. Pasando, por supuesto, por las rencillas y los
agravios personales. Una segunda etapa de la controversia se desarrolla en Europa, tras el
regreso de la expedición en 1744. En Madrid, donde las autoridades metropolitanas se ven
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obligadas a intervenir, y en París, donde La Condamine debe defender su actuación,
acosado por quienes le acusan de arriesgar la misión por vanidad personal.
3 Esta multiplicidad de escenarios y los esfuerzos de todos los protagonistas demuestran
que el asunto va más allá de lo que un observador contemporáneo describió como “una
piedra en un rincón del mundo”. Mi objetivo es analizar la documentación relacionada
con esta controversia en el marco de lo que podríamos llamar una historia cultural de la
ciencia. Desde esta perspectiva los temas que trataré son cinco. En primer lugar me
interesa analizar la no linealidad de los procesos de modernización científica. La
bibliografía reciente demuestra que la transición hacia la ciencia moderna, tal como la
conocemos hoy en día, es el resultado de la interacción de múltiples vectores, culturales,
sociales, intelectuales, técnicos, etc., que no necesariamente se desarrollan de manera
sincrónica. Mientras que en unos países encontramos en los años treinta del siglo XVIII el
desarrollo temprano de algunos de los componentes que van a ser característicos de la
práctica científica moderna (doble reconocimiento profesional y público del científico,
mecanismos autosuficientes de creación, difusión y validación del conocimiento
científico, etc.), otros componentes se desarrollan más lentamente. Esto ocurre, por
ejemplo, con la apropiación por parte del estado de la ciencia como instrumento de la
política nacional e internacional. En este caso se puede hablar incluso de una mayor
precocidad española frente a otros países europeos. A diferencia de lo que ocurre en
Francia, la corte española se apropia inmediatamente de los resultados de la expedición
geodésica de 1736, diseñando una estrategia de difusión con el objetivo de mejorar su
imagen internacional y consolidar un ambicioso proyecto de reformas institucionales.
4 El segundo tema es la aparición entre 1730 y 1750 de un conjunto de discursos que
redefine las relaciones entre centro y periferia. Las expediciones geodésicas son parte de
un proceso mucho más amplio de redescubrimiento europeo del mundo que atraviesa
todo el siglo XVIII. No solo se reactivan los viajes de exploración hacia zonas desconocidas
del planeta, sino que también se pone en marcha una intensa campaña para mejorar el
conocimiento de las regiones más cercanas a Europa o de las que habían sido colonizadas
dos siglos antes, como es el caso de la región andina. Vinculado con este esfuerzo,
encontramos nuevos discursos sobre las relaciones entre Europa y el resto del planeta,
que tiene como principal novedad la centralidad de la ciencia. La ciencia como paradigma
de modernización y avance del progreso humano, establece una ruptura entre centro y
periferia. Se trata de una dialéctica de confrontación, que no solo habla de las diferencias
entre unidades geopolíticas, sino que también remite a una lucha por espacios
académicos y disciplinarios, dentro de las propias comunidades científicas europeas. Una
retórica situacional, donde los criterios de definición de centro y periferia dependen de
los interlocutores y de los contextos. Nada lo evidenciará mejor que los argumentos
esgrimidos por La Condamine contra Juan y Ulloa durante su estancia en Quito.
5 Relacionado con lo anterior, el tercer tema que atraviesa el libro es la definición del
científico como personaje social. El periodo ilustrado supone una trasformación radical en
las relaciones entre ciencia y sociedad. Aparecen nuevos modelos de científico, al tiempo
que se plantea un gran número de debates sobre su papel en la sociedad, cómo se debe
estructurar una carrera profesional, qué estrategias son legítimas para lograr el
reconocimiento y cuáles no, cuáles deben ser las prioridades del científico y qué tipo de
cualidades debe demostrar tanto en público como en privado. Desde el científico
entendido como estrella cultural, que busca fundamentalmente el lucro personal,
enfocado en audiencias que van mucho más allá de los círculos académicos, hasta el
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científico entendido como funcionario al servicio del Estado, en estos debates subyacen
diferencias de carácter y diferencias de fondo, que como veremos atraviesan cada
capítulo de la controversia de las pirámides, condicionando en gran medida las decisiones
de sus protagonistas.
6 El cuarto tema del que me ocuparé es la influencia del contexto político, social y cultural
en la generación de estilos nacionales de práctica científica en España y Francia. En este
último país, una de las transformaciones más importantes ocurridas durante estos años se
refiere al marco institucional en que se inserta la ciencia. A medida que cristaliza un
modelo único de carrera científica avalada por el estado, la competencia por obtener el
reconocimiento es mayor. La reforma de la Academia de Ciencias de París de 1699 fija un
cupo muy limitado para los profesionales que quieren acceder a esta institución. Para
consolidar su posición, los candidatos deben desarrollar complejas estrategias, que
exceden el marco de lo meramente científico. Una de estas estrategias consiste en
dirigirse a una audiencia más amplia, compuesta por personas que no son científicas de
profesión, pero que en razón de su posición social pueden influir en los círculos donde se
toman las decisiones clave sobre la carrera profesional de los científicos. Se trata de un
público relativamente cultivado, que a mediados del siglo XVIII es crecientemente
receptivo al pensamiento reformista ilustrado. La necesidad de asegurar la atención de
este público explica por qué cada vez con mayor frecuencia los científicos se convierten
en personajes de sus propios relatos. La conversión del científico en un personaje literario
es probablemente uno de los legados más duraderos de la primera época de la Ilustración.
El vehículo que permite esta transición es la literatura de viajes, en cuya cristalización
cómo género literario juegan un papel importante las publicaciones de La Condamine tras
su regreso a Europa.
7 En España y en las colonias americanas, por su parte, la controversia de las pirámides de
Yaruquí está condicionada por la vinculación de la expedición geodésica con los intentos
de reforma del Estado posteriores a la Guerrade Sucesión (1702-1713). El enfrentamiento
por la herencia de Carlos II es uno de esos episodios nucleares que marcan la vida de las
naciones durante varias generaciones. Las características políticas de la monarquía
hispánica convierten lo que inicialmente había sido un enfrentamiento dinástico en la
confrontación entre dos proyectos políticos y culturales muy diferentes: el continuismo
austracista del modelo de monarquía plural imperante desde la época de los Reyes
Católicos y el Estado unitario borbónico. La victoria de Felipe V supone la fundación de un
nuevo estado español y la obligada articulación de nuevas narrativas sobre la nación
española, que sustituyen progresivamente a la ideología imperial barroca. En los años
treinta y cuarenta los ecos del conflicto siguen vivos, especialmente en las colonias
americanas, donde la penetración del nuevo estilo de gobierno es más lenta. Este
ambiente de soterrada tensión política condiciona la estancia en Quito de los académicos
franceses. Ni La Condamine ni los oficiales españoles son ajenos al universo de guerras
culturales desatado por las reformas borbónicas. También en España los trabajos de Juan
y Ulloa deben ser leídos en este contexto.1
8 El quinto tema del libro se refiere al papel de la ciencia en la aparición durante el siglo
XVIII de nuevas narrativas sobre la identidad colectiva y la nación, tanto en Europa como
en América. El tránsito hacia la modernidad convierte la ciencia en una actividad
altamente prestigiada, que progresivamente comienza a introducirse en los discursos
sobre el poder, el buen gobernante y la nación. Esta imbricación es muy evidente en los
textos de los filósofos ilustrados franceses desde la década de los veinte y explica en
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buena medida la decisión de los ministros de Luis XV de financiar la expedición de 1736.
Lo mismo ocurre en España, aunque en este caso la evolución sea más tardía. Sin
embargo, donde más evidente es la imbricación entre ciencia y discursos de la identidad
colectiva es en la Audiencia de Quito. La expedición de 1736 constituye un referente clave
en los discursos identitarios que en las últimas décadas del siglo prepararán la
independencia del país. Nada resulta más ilustrativo del poder de seducción de la ciencia
sobre la mente de los nuevos patriotas que el nombre elegido para bautizar el estado
nacido en 1820 de la partición de la Gran Colombia: Ecuador.
9 Estos cinco temas cruzan transversalmente todo el libro. En el primer capítulo se analizan
los antecedentes de la expedición geodésica de 1736, atendiendo a cuestiones como la
evolución de la ciencia europea a comienzos del siglo XVIII, la controversia sobre la forma
de la Tierra y la lucha generacional por el control de la Academia de Ciencias de París y la
definición del ámbito del saber científico oficial. El segundo capítulo está centrado en el
viaje a Quito. Los temas tratados aquí son la participación española en la expedición, las
negociaciones que preceden al viaje, las vicisitudes del desplazamiento entre Europa y
América, y la recepción que los académicos reciben por parte de los quiteños. El capítulo
finaliza con el análisis de los primeros conflictos surgidos con las autoridades coloniales,
que preludian algunos episodios de la polémica de las pirámides. El tercer capítulo está
centrado en las operaciones de medición. Rastrearemos las tensiones que explican la
enconada polémica que acompaña la construcción de las pirámides, las diferencias que
existen al interior de la partida y los problemas derivados del desigual estatus científico
de sus integrantes. Estos elementos nos servirán también para hablar de estilos
diferenciados de práctica científica en España y Francia.
10 Los siguientes capítulos se basan en la documentación producida en Quito en el curso del
proceso abierto por Jorge Juan y Antonio de Ulloa contra La Condamine. En el cuarto
analizaré los discursos sobre la ciencia y el nuevo papel del científico en la sociedad
europea del siglo XVIII. La quinta parte se centra en las diferentes aristab de la compleja
relación entre estado y ciencia durante este periodo. El proceso de nacionalización de la
ciencia ilustrada proporciona a La Condamine y a los oficiales españoles argumentos para
defender sus posiciones. La reticencia de una parte de la sociedad quiteña ante la
presencia en la ciudad de los científicos, la muerte violenta del cirujano de la expedición,
el final del pleito de las pirámides, la sentencia de la Real Audiencia y la respuesta de las
autoridades metropolitanas son otros temas también tratados en este capítulo. La fuente
principal del sexto capítulo son los textos publicado por La Condamine tras su regreso a
París en 1745. Estudiaremos aquí la relación entre ciencia y literatura en el contexto de
los esfuerzos de nuestro protagonista por reinsertarse en el mundo intelectual parisino.
Otras cuestiones analizadas son los aportes de La Condamine a la renovación de la
literatura de viajes, la trasformación de los protagonistas de las misiones geodésicas en
héroes culturales, equiparado a figuras de la talla de Newton o Galileo, y el papel que
juegan en este proceso los relatos sobre las pirámides de Yaruqui.
11 El séptimo capítulo se concentra en los sucesos que siguen al regreso de Jorge Juan y
Antonio de Ulloa a España, la recepción de sus trabajos sobre América, su vinculación con
la renovación de la ciencia española y con la emergencia de una corriente de pensamiento
reformista e ilustrada. También se analizan en este capítulo el impacto en sus obras de la
controversia sobre las pirámides de Yaruquí y la respuesta que originan las alegaciones de
La Condamine. La principal fuente para este estudio son dos manuscritos anónimos que se
conservan en la Biblioteca Nacional de Madrid. El libro termina con unas páginas sobre la
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evolución de la polémica tras la muerte de sus protagonistas y el impacto que las misiones
geodésicas y la controversia de las pirámides tienen en las identidades colectivas quiteñas
en los periodos anterior y posterior a la independencia.
12 Los orígenes de este libro se encuentran en un documento de trabajo preparado durante
una estancia como “investigador consorte” en la Universidad de Notre Dame, en South
Bend, Indiana. Las excepcionales condiciones de investigación de este centro y su
impresionante biblioteca sobre el siglo XVIII me dieron la oportunidad de acercarme a un
tema que llevaba postergando algunos años. Debo agradecer, en este sentido, a quienes
hicieron posible esta estancia y a quienes contribuyeron a un ambiente ideal de trabajo e
investigación: Sabine Mac Cormack, Ted Beatty, Jorge Vargas Cullel, Pablo Sandoval y
Patricia Ames. Posteriormente he seguido trabajando el texto en el Instituto de Estudios
Peruanos. Carolina Trivelli, Martín Tanaka y Carlos Iván Degregori, directores durante los
últimos años, han logrado que la institución siga siendo uno de los pocos centros
académicos del país donde es posible compatibilizar una alta calidad de trabajo cotidiano
y espacios para la reflexión intelectual sosegada. Debo agradecer, además, a las múltiples
personas que han leído y comentado fragmentos del manuscrito o me han ayudado
durante la investigación a localizar y obtener los materiales necesarios para realizarla:
Juan Carlos Andrade, Pilar Cruz Zúñiga, Eva García Abos, Sonia González Fuentes, Alberto
Gullón Abao, Cynthia Milton, María del Tránsito Ramírez Bonassi y Carlos Trelles. La
publicación del texto ha sido posible gracias al interés mostrado por Guillermo Bustos y
Quinche Ortiz, de la Universidad Andina Simón Bolívar, Víctor Vich y Marcos Cueto, del
Instituto de Estudios Peruanos y a Georges Lomné del Instituto Francés de Estudios
Andinos. A todos ellos vaya también mi reconocimiento. Y por supuesto, por encima de
todos, a Patricia Zárate Ardela, apoyo y presencia constante en todas y cada una de las
etapas del libro.
NOTAS
1. En este trabajo utilizo el término “austracismo” para englobar de una manera amplia a quienes
se oponían o sentían lesionados por las reformas borbónicas y eran partidarios de un regreso a
las formas de gobierno y al status quo cultural-religioso anterior a la Guerra de Sucesión. El
concepto no remite, por lo tanto, a su significado restringido, referido únicamente los partidarios
de la causa del archiduque Carlos.
8
I. Los apóstoles de Newton
1 LA HISTORIOGRAFÍA de los últimos años ha puesto en evidencia la necesidad de desmontar
las narrativas clásicas de la revolución científica.1 Lo que antes era un panorama
coherente y lineal, aparece ahora como un abigarrado entramado de procesos que no
siempre coinciden en sus ritmos e intensidades. Se trata de una renovación
historiográfica que afecta a nuestro conocimiento del periodo en varios sentidos. En
primer lugar, sabemos ahora que los elementos centrales de la revolución científica, como
el experimentalismo, son el resultado de complejas negociaciones entre diferentes
tradiciones de pensamiento. La polémica sobre este tema sostenida en 1660 por Boyle y
Hobbes demuestra las dificultades que tiene la corriente empirista para consolidarse
como referente epistemológico dentro de la ciencia inglesa. La idea del experimento como
instancia generadora de conocimiento es durante estos años objeto de debate, no solo por
parte de quienes se negaban a aceptar la progresiva laicización del conocimiento, sino
también por quienes desde una perspectiva muy diferente ponían en duda su estatuto
epistemológico, a partir de premisas igualmente modernas, como era el caso de Hobbes.
2 El debate científico no es un proceso neutro, al margen de luchas de poder y de
condicionamientos sociales y políticos. Lo que nos muestra la historiografía reciente es
que se trata, por el contrario, de un proceso cruzado por intereses personales y de grupo,
en el que junto con la exactitud de las hipótesis hay que considerar la capacidad de los
científicos para expresar sus ideas dentro de unos marcos política y culturalmente
aceptables. En este sentido, es importante tener en cuenta la existencia de lo que Shapin y
Schaffer denominan “culturas científicas” oficiales, entendiendo el concepto en un
sentido cercano a la antropología: como un conjunto de creencias asumidas
apriorísticamente, que condicionan los comportamientos, las prácticas y las ideas
consideradas aceptables.2 Estas culturas científicas son el resultado de procesos de larga
duración. Su solidez está vinculada con la capacidad de resignificar constantemente los
elementos que las componen. Son relativamente flexibles y admiten un cierto margen de
discrepancia y debate. Transgredir sus límites, sin embargo, implica el doble riesgo de la
exclusión profesional y el ostracismo intelectual.
3 En el siglo XVIII, en un contexto de progresiva nacionalización de la práctica de la ciencia,
podemos hablar tanto de una cultura científica de ámbito europeo (que define a grandes
rasgos lo que es ciencia y lo que no es considerado ciencia) como de culturas científicas de
nacionales, con concepciones sutilmente diferentes sobre lo que es epistemológicamente